Supongo que a todos les ha pasado... Vas caminando por la calle, tal vez buscando nada o pensando en todo; traes tus audífonos puestos, escuchando canciones que te relajan, te dispersan y te colocan en un estado neutral que pocas veces consigues. Por la calle, al cruzar, te topas de frente con un viejo conocido, de esos que tenías años sin ver y que te provocan nostalgia, y hasta ganas de charlar ahí, en medio del tráfico; saludarlo de beso y brazo, mientras las bocinas de los autos les rechinan en los oídos, y los "madres y padres", de los conductores, suenan más que las campanas en domingos de misa.
Al llegar a tu destino, recuerdas que sólo sonreíste a aquel viejo conocido, que ya tiene más cara de extraño desconocido, pues aunque una sonrisa diga más que mil palabras, en mil palabras no se pueden reestructurar las memorias, ni los actos que nos perdimos de esa persona, no queda más que componer una historia para justificar su ausencia, y esperar que en un futuro, no muy lejano, se vuelvan a encontrar y así charlen de sus vidas, con un café en mano y un poco de tabaco.
Después de haber inventado historias y recreado imágenes viejas en tu cabeza, te vas. Ya no caminas, ahora te subes al autobús que te dejará en casa, el trabajo o en la escuela. Tus audífonos casi echan raíz en tus oídos, Pink Floyd ya parece parte del soundtrack de tu día y tu sigues soñando en una Comfortably Numb. Esperas el camión, y no llega; te desesperas, regularmente pasa cada 5 minutos y ya tienes 15 esperando...
- ¡Es domingo! - recuerdas, y sueltas una carcajada luego de tanto silencio escondido con canciones del siglo pasado.
No fueron más de 20 minutos los que estuviste esperando, pero estando ahí arriba, perdiste otros 10 minutos, pues el chofer no pretendía dejar de charlar con una mujer que estaba sentada detrás de él. Por fin arranca, y te relajas otra vez; el semáforo sigue en verde y parece que, a partir de ese momento, todo irá bien.... Cuando a mitad de la calle, un grito estruendoso y unos golpeteos que parecen venir de afuera y directo al lado derecho del camión te despiertan del estado catatónico en el que estabas y casi sufres un Brain Damage.
Sin embargo, ignoras el suceso para continuar con tu normalidad. Supones que los golpes y el grito venían de alguna persona deseosa de ocupar algún asiento vacío en donde viajabas tú; ves una silueta de un hombre delgado, con ropa pa' la temporada y un gorro rojo que resalta entre todo el traje. Todo va bien, o todo iba bien, hasta que esa silueta toma el lugar de un pasajero que tiene las intenciones de sentarse junto a ti... Toca tu hombro con su dedo índice, y te dice algo, mas no lo escuchas y ocultas tu mirada en esos lentes oscuros que pensaste nunca ocuparías en una emergencia así. Sin embargo, ese gorro rojo se coloca frente a tu cara e insiste que lo voltees a ver tocando de nuevo tu hombro ahora con más intensidad, claro, sin golpearte o lastimarte. No tienes opción, y cedes el asiento, pero ignorando de nuevo al individuo.
Pasan minutos, y el sigue sentado junto a ti. Hay muchos asientos vacíos al frente y hacia atrás, y no logras comprender porqué se sentó contigo, pero algo te dice que no lo voltees a ver, entonces una fuerza extraña hace que tu cabeza se gire al lado contrario, para ver la ventana sucia y medio quebrantada. Pasa el doble de minutos, y tu cuello parece vencerse, te duele y no te queda de otra mas que voltear al frente de nuevo. Y cómo por arte de magia, el sujeto te toca ahora la rodilla con su mano, captando ahora sí, tu completa atención.
Volteas a verlo con el ceño fruncido, como si este pudiera verse a través de esos lentes enormes y oscuros; notas una sonrisa de oreja a oreja, y una mirada perdida, pero familiar; te quitas los lentes y los auriculares de tus oídos.
-¡Holaaaaaaa!- te dice el tipo con cara de niño crecido.
- ¡Es domingo! - recuerdas, y sueltas una carcajada luego de tanto silencio escondido con canciones del siglo pasado.
No fueron más de 20 minutos los que estuviste esperando, pero estando ahí arriba, perdiste otros 10 minutos, pues el chofer no pretendía dejar de charlar con una mujer que estaba sentada detrás de él. Por fin arranca, y te relajas otra vez; el semáforo sigue en verde y parece que, a partir de ese momento, todo irá bien.... Cuando a mitad de la calle, un grito estruendoso y unos golpeteos que parecen venir de afuera y directo al lado derecho del camión te despiertan del estado catatónico en el que estabas y casi sufres un Brain Damage.
Sin embargo, ignoras el suceso para continuar con tu normalidad. Supones que los golpes y el grito venían de alguna persona deseosa de ocupar algún asiento vacío en donde viajabas tú; ves una silueta de un hombre delgado, con ropa pa' la temporada y un gorro rojo que resalta entre todo el traje. Todo va bien, o todo iba bien, hasta que esa silueta toma el lugar de un pasajero que tiene las intenciones de sentarse junto a ti... Toca tu hombro con su dedo índice, y te dice algo, mas no lo escuchas y ocultas tu mirada en esos lentes oscuros que pensaste nunca ocuparías en una emergencia así. Sin embargo, ese gorro rojo se coloca frente a tu cara e insiste que lo voltees a ver tocando de nuevo tu hombro ahora con más intensidad, claro, sin golpearte o lastimarte. No tienes opción, y cedes el asiento, pero ignorando de nuevo al individuo.
Pasan minutos, y el sigue sentado junto a ti. Hay muchos asientos vacíos al frente y hacia atrás, y no logras comprender porqué se sentó contigo, pero algo te dice que no lo voltees a ver, entonces una fuerza extraña hace que tu cabeza se gire al lado contrario, para ver la ventana sucia y medio quebrantada. Pasa el doble de minutos, y tu cuello parece vencerse, te duele y no te queda de otra mas que voltear al frente de nuevo. Y cómo por arte de magia, el sujeto te toca ahora la rodilla con su mano, captando ahora sí, tu completa atención.
Volteas a verlo con el ceño fruncido, como si este pudiera verse a través de esos lentes enormes y oscuros; notas una sonrisa de oreja a oreja, y una mirada perdida, pero familiar; te quitas los lentes y los auriculares de tus oídos.
-¡Holaaaaaaa!- te dice el tipo con cara de niño crecido.
