jueves, 10 de marzo de 2011

Frases radioactivas (Pt. I)

"Nunca digas nunca..."

Como lo pensé, he comentado y llegué a dejar por aquí en ocasiones anteriores, el 2010 fue un año de quebrantar pactos, promesas, y destrozar esperanzas, sueños y algunas ilusiones.

Es fácil (al menos para mí) imaginar que todo estará bien, que quien se encuentra a nuestro lado es la persona adecuada para nuestro bienestar físico y emocional; sólo por una simple (e importante) razón: la seguridad brindada por ella o él. Sin embargo, más tardamos en crear un mundo de color rosa en nuestra mente, que esa persona que tenemos a lado en fallarnos, o "mejor dicho", que esa persona se de cuenta de que no cumple nuestras expectativas y mejor diga adiós antes de que uno le gane el jalón. Bien dicen que en la guerra y en el amor todo se vale... Es la historia de siempre, la lucha continúa por sobrevivir, de salir vivo de ciertas o todas las situaciones posibles (aunque en el fondo sabemos de la existencia de trampas que en la vida se nos interponen, y que al final todos acabaremos igual... muertos).

Difícil nos puede parecer (más que nada, al principio) el hecho de decirle adiós a esa persona, o peor aún, el hecho de tener que aceptar la (terrible) decisión de ella o él. Pero, el tiempo pasa... Lento, rápido, a veces en nuestra contra o amablemente a nuestro favor, pero pasa. Cuando menos te das cuenta, ya estamos a fines de febrero, corrigiendo algo escrito dos meses atrás... Sólo porque hoy por fin decidiste hacer algo contigo. 

Hoy que ya no sientes ni piensas lo mismo que ese día que comenzaste a escribir esto. Hasta se te ha perdido (en el tiempo) el motivo de la frase principal de la entrada de hoy que debió ser de hace dos meses. Y, que si hubiera una máquina del tiempo, retrocederías al día que comenzaste a recapitular toda tu vida... Luego te reíste (de ti) y como burla vino a tu mente una frase tan mentada, tan común, y tan irónica... "Nunca digas nunca":

Es curioso como lo que (aparentemente) odiamos es lo que tenemos o lo que deseamos; nos gusta ocultarnos detrás de pequeños disfraces para sentirnos mejor con nuestras culpas y "malos pensamientos". Mostramos una sonrisa al mundo cuando, por dentro, la chingada se apodera de nosotros y nos arrastra hasta su lado más oscuro y ruin... El punto importante es que dejamos entrar a la chingada; la conocemos tan bien, que nos confíamos de su humanidad y cuando menos pensamos... ¡Nos lleva la chingada!

Y creemos que ya valimos cacahuate, que no hay remedio; que por el simple hecho de no voltear hacia atrás para no jodernos más, estamos jodidos... "Nunca me volveré a enamorar", "nunca lo voy a olvidar", "nunca cometeré el mismo error dos o tres, o cuatro veces más"... Etc.

He sido víctima de los "nunca", por fortuna... Y, ahora, he visto algo que no había tomando en cuenta antes... Aprendí a mejor no hablar ciertas cosas: que, para callar a quienes estan a tu alrededor dices cosas que aparentemente tienen sentido, sin embargo, el sentido se lo damos nosotros, y si para nosotros esa frase está vacía, si sólo la externamos para no sentir las miradas ni los dedos (apuntándonos) de los demás, entonces, estamos fritos.

Por eso, Witchy dice que nunca más dirá nunca...