lunes, 7 de noviembre de 2011

¿De qué hablas cuando no tienes de qué hablar?

Supongo que a todos les ha pasado... Vas caminando por la calle, tal vez buscando nada o pensando en todo; traes tus audífonos puestos, escuchando canciones que te relajan, te dispersan y te colocan en un estado neutral que pocas veces consigues. Por la calle, al cruzar, te topas de frente con un viejo conocido, de esos que tenías años sin ver y que te provocan nostalgia, y hasta ganas de charlar ahí, en medio del tráfico; saludarlo de beso y brazo, mientras las bocinas de los autos les rechinan en los oídos, y los "madres y padres", de los conductores, suenan más que las campanas en domingos de misa.

Al llegar a tu destino, recuerdas que sólo sonreíste a aquel viejo conocido, que ya tiene más cara de extraño desconocido, pues aunque una sonrisa diga más que mil palabras, en mil palabras no se pueden reestructurar las memorias, ni los actos que nos perdimos de esa persona, no queda más que componer una historia para justificar su ausencia, y esperar que en un futuro, no muy lejano, se vuelvan a encontrar y así charlen de sus vidas, con un café en mano y un poco de tabaco.

Después de haber inventado historias y recreado imágenes viejas en tu cabeza, te vas. Ya no caminas, ahora te subes al autobús que te dejará en casa, el trabajo o en la escuela. Tus audífonos casi echan raíz en tus oídos, Pink Floyd ya parece parte del soundtrack de tu día y tu sigues soñando en una Comfortably Numb. Esperas el camión, y no llega; te desesperas, regularmente pasa cada 5 minutos y ya tienes 15 esperando...
- ¡Es domingo! - recuerdas, y sueltas una carcajada luego de tanto silencio escondido con canciones del siglo pasado.

No fueron más de 20 minutos los que estuviste esperando, pero estando ahí arriba, perdiste otros 10 minutos, pues el chofer no pretendía dejar de charlar con una mujer que estaba sentada detrás de él. Por fin arranca, y te relajas otra vez; el semáforo sigue en verde y parece que, a partir de ese momento, todo irá bien.... Cuando a mitad de la calle, un grito estruendoso y unos golpeteos que parecen venir de afuera y directo al lado derecho del camión te despiertan del estado catatónico en el que estabas y casi sufres un Brain Damage.

Sin embargo, ignoras el suceso para continuar con tu normalidad. Supones que los golpes y el grito venían de alguna persona deseosa de ocupar algún asiento vacío en donde viajabas tú; ves una silueta de un hombre delgado, con ropa pa' la temporada y un gorro rojo que resalta entre todo el traje. Todo va bien, o todo iba bien, hasta que esa silueta toma el lugar de un pasajero que tiene las intenciones de sentarse junto a ti... Toca tu hombro con su dedo índice, y te dice algo, mas no lo escuchas y ocultas tu mirada en esos lentes oscuros que pensaste nunca ocuparías en una emergencia así. Sin embargo, ese gorro rojo se coloca frente a tu cara e insiste que lo voltees a ver tocando de nuevo tu hombro ahora con más intensidad, claro, sin golpearte o lastimarte. No tienes opción, y cedes el asiento, pero ignorando de nuevo al individuo.

Pasan minutos, y el sigue sentado junto a ti. Hay muchos asientos vacíos al frente y hacia atrás, y no logras comprender porqué se sentó contigo, pero algo te dice que no lo voltees a ver, entonces una fuerza extraña hace que tu cabeza se gire al lado contrario, para ver la ventana sucia y medio quebrantada. Pasa el doble de minutos, y tu cuello parece vencerse, te duele y no te queda de otra mas que voltear al frente de nuevo. Y cómo por arte de magia, el sujeto te toca ahora la rodilla con su mano, captando ahora sí, tu completa atención.

Volteas a verlo con el ceño fruncido, como si este pudiera verse a través de esos lentes enormes y oscuros; notas una sonrisa de oreja a oreja, y una mirada perdida, pero familiar; te quitas los lentes y los auriculares de tus oídos.

-¡Holaaaaaaa!- te dice el tipo con cara de niño crecido.

lunes, 18 de abril de 2011

El mundo nunca es suficiente.

La vida es corta y misteriosa. Los sueños a veces se cumplen, y a veces no. Las personas se pueden convertir en objetos de deseo o repulsión. El amor nunca es para siempre, y los recuerdos van y vienen durante el día y la noche.

Que si la muerte llega, todo se acabará. La luz de tus ojos, el reflejo de amor en tu mirada y esa sonrisa que dice más que mil palabras. Sólo migajas en el camino, huellas que se borran en la arena y se entierran tras cada oleada en el mar de mi soledad. ¡Bienvenido! Este es tu lugar. Te guardo una silla y una de las mil cuatrocientas cuarenta y cinco tazas de café que después de tu partida la pinche bruja se preparó.

Soy un fantasma, de nadie, de nada, pero este fantasma piensa que nadie está conforme con sus victorias ni sus fracasos. Nunca nadie está conforme, pero tampoco nadie actúa para cambiarlo. Ni los sueños premonitorios ni los sermones constantes, sólo las caídas y los golpes sin anestesia funcionan en esta vida... ¡A putazos se aprende! Y confieso que apenas así me gusta, pero que el momento se da, se busca, mas no se forzará, pues así las cosas no son. La vida es armonía, equilibrio, un desorden en equilibrio, un caos total, una realidad múltiple, una persona, una idea, nadie, nada... Y a pesar de no ser nada, podemos hacerlo todo.

Que las personas pasan, llegan y se van, que la vida en un segundo se decide, y la muerte nunca avisa antes de llegar. Y no está escrito, es cuestión de lógica, es solamente la reacción de una acción. Todo acto tiene su consecuencia y su secuencia de consecuencias según el acto a realizar... ¿Estamos listos para actuar? Nunca, nunca lo estaremos. Probablemente sea sólo cuestión de suerte: el momento adecuado, la función espacio-tiempo perfecta para hacer o deshacer.

Seguiremos inconformes, siempre queremos más y más... Saber más, encontrar las respuestas de nuestras preguntas, controlar nuestro futuro y el de los demás, tal vez por conveniencia o por amor al prójimo y desear su bienestar... ¿Bienestar? ¿Cual será su bienestar? ¿Él lo sabe? Yo no lo sé, ni lo sabré, nadie, ni siquiera él; eso es decisión propia, como la de que calcetines usar el día de hoy.

Mejor dejemos al agua correr... Sonriendo o soñando.

jueves, 10 de marzo de 2011

Frases radioactivas (Pt. I)

"Nunca digas nunca..."

Como lo pensé, he comentado y llegué a dejar por aquí en ocasiones anteriores, el 2010 fue un año de quebrantar pactos, promesas, y destrozar esperanzas, sueños y algunas ilusiones.

Es fácil (al menos para mí) imaginar que todo estará bien, que quien se encuentra a nuestro lado es la persona adecuada para nuestro bienestar físico y emocional; sólo por una simple (e importante) razón: la seguridad brindada por ella o él. Sin embargo, más tardamos en crear un mundo de color rosa en nuestra mente, que esa persona que tenemos a lado en fallarnos, o "mejor dicho", que esa persona se de cuenta de que no cumple nuestras expectativas y mejor diga adiós antes de que uno le gane el jalón. Bien dicen que en la guerra y en el amor todo se vale... Es la historia de siempre, la lucha continúa por sobrevivir, de salir vivo de ciertas o todas las situaciones posibles (aunque en el fondo sabemos de la existencia de trampas que en la vida se nos interponen, y que al final todos acabaremos igual... muertos).

Difícil nos puede parecer (más que nada, al principio) el hecho de decirle adiós a esa persona, o peor aún, el hecho de tener que aceptar la (terrible) decisión de ella o él. Pero, el tiempo pasa... Lento, rápido, a veces en nuestra contra o amablemente a nuestro favor, pero pasa. Cuando menos te das cuenta, ya estamos a fines de febrero, corrigiendo algo escrito dos meses atrás... Sólo porque hoy por fin decidiste hacer algo contigo. 

Hoy que ya no sientes ni piensas lo mismo que ese día que comenzaste a escribir esto. Hasta se te ha perdido (en el tiempo) el motivo de la frase principal de la entrada de hoy que debió ser de hace dos meses. Y, que si hubiera una máquina del tiempo, retrocederías al día que comenzaste a recapitular toda tu vida... Luego te reíste (de ti) y como burla vino a tu mente una frase tan mentada, tan común, y tan irónica... "Nunca digas nunca":

Es curioso como lo que (aparentemente) odiamos es lo que tenemos o lo que deseamos; nos gusta ocultarnos detrás de pequeños disfraces para sentirnos mejor con nuestras culpas y "malos pensamientos". Mostramos una sonrisa al mundo cuando, por dentro, la chingada se apodera de nosotros y nos arrastra hasta su lado más oscuro y ruin... El punto importante es que dejamos entrar a la chingada; la conocemos tan bien, que nos confíamos de su humanidad y cuando menos pensamos... ¡Nos lleva la chingada!

Y creemos que ya valimos cacahuate, que no hay remedio; que por el simple hecho de no voltear hacia atrás para no jodernos más, estamos jodidos... "Nunca me volveré a enamorar", "nunca lo voy a olvidar", "nunca cometeré el mismo error dos o tres, o cuatro veces más"... Etc.

He sido víctima de los "nunca", por fortuna... Y, ahora, he visto algo que no había tomando en cuenta antes... Aprendí a mejor no hablar ciertas cosas: que, para callar a quienes estan a tu alrededor dices cosas que aparentemente tienen sentido, sin embargo, el sentido se lo damos nosotros, y si para nosotros esa frase está vacía, si sólo la externamos para no sentir las miradas ni los dedos (apuntándonos) de los demás, entonces, estamos fritos.

Por eso, Witchy dice que nunca más dirá nunca...

martes, 1 de febrero de 2011

Si te beso, no te sorprendas...

Un beso no se rige por el boleto de un camión, por el "día del amor" o el inútil "qué pensará si..." de él (o ella)... Y no me refiero al besar sin motivo (racional), sino al hacerlo sin "prejuicio", sin represiones, con respeto y sinceridad.

Creo que, para besar, no es necesario pensar, sino sentir tus ganas y percibir la posible "respuesta" (no tiene que ser verbal, no siempre se pregunta o se pide)... Es cuestión de conexión. El motivo aquí es subjetivo, así como lo que aquí escribo; sin pensarlo dos veces (o más), porque una vez repensado, el beso "no sabe igual".

El simple deseo, el impulso animal, ya es un motivo. El más bonito, tal vez... Es deseo puro, sólo ganas de acercarte al otro y tocar sus labios con los tuyos, sentir su aliento y estallar de emoción... (O a veces sólo chocar sus labios.)

Una sonrisa puede provocar un beso... Una mirada, una palabra u otro beso.

Besa, siente, vive, disfruta, comparte, sonríe, sigue adelante... (Eso hago yo, hasta que soy atrapada por un sueño o un deseo externo)

"Hazlo cuando lo sientas; regularmente, en mi experiencia, es la primera vez"

sábado, 1 de enero de 2011

Simplemente algo más que dejo aquí

Cómo siempre... Me pierdo, pero regreso... ¡Hasta morir!

Después de plantearme ciertas metas, de pensar que debo dejar de pensar y comenzar a actuar, al igual que debo (no es obligación, pero es "justo y necesario") vivir, disfrutar, sin remordimientos y dejar los recuerdos para el futuro, pues aún no es tiempo de ver viejas fotografías actuales, recientes o de un año atrás, aquí estoy...  Dándome un espacio, pues tiempo hay, para escribir un rato después de tanto tiempo sin pasar (publicar, mejor dicho) por aquí.

Hay mucho que contar... Pero, aunque muchos digan que para esto hay que empezar por el principio, me vale (por el momento, creo que por el momento, quien sabe después... en otro momento).

Tal vez para muchos este fue un año extraño... Para mí más (y me vale si dicen lo contrario, lo que cuenta es lo que siento). Nunca creí vivir tantas cosas en tan poco tiempo... Todo empezó con el impulso deforme de expresar lo que siento... De querer no pensar y actuar... Pero, que va, no se empieza siendo un experto... Para lograr algo, sea lo que sea, hay que vivir el proceso que conlleva (¡uy!, ¿a poco? ¿en serio?). En la vida eso de saltarse pasos, etapas, etc., termina contraproducente.

Pero, mejor sigo con el tema... Me pierdo, por cualquier cosa o por nada... Así es mi vida... Romper pactos, promesas y tirar a la basura de forma absurda cosas "hermosas"... Y luego, perderse... ¿Problema? Sí, el no aceptar o disfrutarlo... Pero, el próximo año no será igual (espero)...

En fin, siguiendo la línea, iniciando un nuevo año antes del 2011, a la par del mismo, que se acaba dejando atrás los excesos y los sucesos inesperados... ¿Quién dijo alguna vez "no haré esto" y terminó haciéndolo? Por eso nunca hay que decir nunca, o "de esta agua no he de beber", porque luego hay sequías y el ser humano no deja de ser animal cuando de supervivencia se trata, reacciona por impulso y toma (o arrebata) todo lo que le proporcione seguridad (aunque sea momentánea) o confianza en sí mismo, ya sea para sobrellevar una situación incómoda o complicada, o simplemente para adaptarse a cierto tipo de personas (si, igual, de situaciones, es la misma) que no se meten a nuestras vidas, dejamos que se metan y nos ayuden a convertir nuestra vida en un caos total, y para eso nunca estamos preparados.

En fin, es hora de pelar la nuez... O los cacahuates, si no tienen nueces... Tiremos la cáscara y disfrutemos del fruto.