lunes, 14 de septiembre de 2009

La Política en la Literatura Española

En 1898, España sufre una guerra desatada por los Estados Unidos de América, que como sabemos este último país tiene y ha tenido esa tal vez maldita, o bendita costumbre para otros, de intervenir en las situaciones políticas y sociales de otros países, sin embargo los resultados o consecuencias de estos actos nunca son satisfactorios para el pueblo, sino mas bien para aquellos que se encuentran en la cima más alta del poder, los políticos que controlan e inicias guerras para obtener riquezas de otros países.



Durante esta época, un conjunto de poetas se dedicaron a observar las consecuencias que su pueblo estaba sufriendo, y como ellos eran parte de el, dejaron atrás ese individualismo en el que todos los escritores estaban inmersos, y comenzaron a preocuparse por su sociedad y aquellos problemas que la atacaban, entonces de ahí surgió la Generación del 98, que tenían como propósito el representar lo que en ese momento estaba sucediendo en su país, reflejando el realismo, y olvidándose del romanticismo.



El Afán de Poder

El título dice mucho. Todo aquel que desea poder, sabe que la forma más rápida de obtenerlo es introduciéndose en el ámbito político, aunque actualmente quienes ejercen un fuerte poder son aquellos del lado contrario, y no me refiero a algún pueblo anarquista, sino a los grupos de narcotraficantes que abundan en nuestro país. Pero bueno, esa es otra historia, ya veremos en unas décadas más aquellos textos literarios que describan como es la situación actual en México, bueno, eso espero. Ubicándome en España, exactamente en 1898 durante la Guerra Hispano-Estadounidense, algunos poetas de la época se vieron afectados por las consecuencias de tal acto, y por lo tanto fueron dejando atrás el individualismo en el que vivían otros escritores, y comenzaron a preocupar por lo que sucedía en su país y a su gente.



Una escena así se muestra en “El Afán de Poder”, por Azorín, quien describe en su poema la razón por la que hay individuos que deslumbrados por un camino fácil y lleno de poder, corrompen su moral, actuando en contra de lo que deberían representar ante una sociedad.



“Sabed que algunos confunden el camino… ¿Confunden el camino? Eligen el atajo de un fulgor instantáneo y van entre las sombras camino de la tarde...”



Dice aquí que buscan el poder, pero se inundan tanto de este, que se pierde y eligen aquello que solo los beneficia a si mismos, y que perjudica a los otros. Ellos comienzan creyendo que la política es el camino que deben tomar para hacer el bien uniforme a todos, pero al final, todos terminan igual de perdidos que los que ya lo estaban.



Poema a la Guerra

Este es un poema en el cual el autor, Antonio Machado, representa una escena muy común en épocas de guerra, donde los protagonistas de la triste historia son las madres e hijos que sin culpa, sufren las consecuencias de estos conflictos políticos.



Madre, ¿el pájaro amarillo? ¡las mariposas negras y moradas!”



Esas palabras de un niño enfermo de hambre y tristeza de vivir día a día en esa situación de su país.



“-Duerme, hijo mío. -Y la manita oprime la madre, junto al lecho-. ¡Oh flor de fuego!…”



Y ahora el papel de una madre, desesperada tal vez más que su hijo, deseando un final para ese dolor, un corto final silencioso, que tal vez para su hijo se compare con la noche, pero ella sabe que ni la noche es tranquila o segura para los dos.



La Oración del Ateo

Este es un poema de Miguel de Unamuno, otro más de la Generación del 98, en el cual se plasma la realidad de un individuo cansado de pedirle todo a la nada. Exhausto de la vasta idea de un Dios, que todo lo ve y todo lo oye; que todo lo da y todo lo perdona, sin embargo ni se ve lo que da, ni se siente su perdón, pues son más los sufrimientos que se ven en el mundo en que vivió.



“Oye mi ruego Tú, Dios que no existes, y en tu nada recoge estas mis quejas...”



En esta frase se lee el cinismo con el que se dirige a ese Dios que no existe, pero que todos le ruegan, se burla de su existencia y afirma su postura diciendo que sus quejas son inútiles ya que ese Dios no existe.



“Sufro yo a tu costa, Dios no existente, pues si Tú existieras existiría yo también de veras.”



El se ve afectado por los otros, debido a su falta de credibilidad en ese Dios, el sabe que es nada en este mundo, pero también sabe que ese Dios no existe, que es solo una idea creada para controlar a la sociedad, y que por no ser un creyente, sufre.

1 comentario:

  1. Van primero las observaciones "técnicas"...

    Párrafo segundo, dice:

    "Durante esta época, un conjunto de poetas de la época se dedicaron"...

    Favorcillo de desaparecer no sé si por arte de magia o por algo peor ese "de la época"... Se lee bien eso de: "un conjunto de poetas se dedicaron"...

    Párrafo tercero... A la mitad... Se lee:

    "algunos poetas de la época"... Y la misma sugerencia (conste, es por si quiere hacerlo... Igual lo deja y ni lío).

    Listo con lo "técnico"... Vamos con lo "otro"...

    Buen escrito. Logra unas argumentaciones, pero, si lo lee de nuevo, verá que hacia el final falta un párrafo, no más, en el que se de una conclusión general, no particular (esas se van dando cada tanto). Por ello, sin importar que así como está se lea bien, sugerencia siguiente: otorgarle a este texto una conclusión debida... Para cerrar ese buen inicio, ese buen desarrollo... Faltaría ese buen final...

    ResponderEliminar